Como usar el látigo de forma segura

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latigo
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Nada como la visión de un látigo en manos de una domina o master para hacer que nos salten a la mente visiones que se esconden en las sombras de las prácticas bdsm.

Aunque en el bdsm no todo es látigos y ataduras el látigo si que es una de las herramientas más relacionadas con las actividades de dominación y sumisión.

Pero hay que tener grandes precauciones en su uso para que no tengamos problemas por un uso indiscriminado. Tanto el azotador como el azotado tienen que acostumbrarse al peculiar comportamiento de este elemento.

Dentro del mundo de los látigos encontramos multitud de modelos, materiales, mangos, acabados, número de “colas”, peso de las tiras. Todos estos elementos hacen que según el látigo las sensaciones vayan de un leve cosquilleo a un profundo dolor.

Por norma general los látigos que encontramos en los establecimientos especializados suelen ser más un elemento visual que una verdadera herramienta de castigo o disciplina como es el uso que debería tener en el bdsm.

El material suele ser muy fino y ligero, y lo que proporciona aunque lo usemos con fuerza es un cosquilleo o como máximo como una picadura, aunque si es muy repetido puede ser efectivo.

Los látigos “reales” o para un uso real, suelen estar realizados de diversos materiales textiles o de piel de distintas calidades y características.

Por norma general cuanto más recio sea el material más dolor y daños se pueden causar en el uso del látigo en el cuerpo de nuestro flagelado.

Donde usar el látigo

Y no nos referimos a si usarlo en el dormitorio, el salón, el baño o la parada del bus. Nos referimos a en qué parte del cuerpo es más segura usar el látigo en nuestro objetivo.

Por supuesto que podríamos usarlo en todo el cuerpo, pero obviamente esto tendría consecuencias muy serias para el azotado. Las zonas que debemos preferir obviamente son las más “acolchadas” o resistentes, es decir, las nalgas de forma preferente y la parte alta de la espalda como segunda opción.

Zonas sensibles como parte interior de las piernas, zona de los riñones, obviamente cabeza y cara deberíamos evitarlas a toda costa. También las plantas de los pies son estructuras muy sensibles y que pueden tener consecuencias si se abusan de los impactos o castigos en la zona.

Zonas “sensibles”. Es un hecho que el uso del látigo en el bdsm o en los juegos de dominación y sumisión constituyen una práctica sexual y podemos querer usar nuestro látigo o flagelo en esas zonas. 

Los pechos, más los femeninos que los masculinos, tienen una gran sensibilidad, obviamente los pezones son tremendamente sensibles y un gran castigo puede ser insoportable.

Los testículos son también una zona en la que si impactamos en el testículo el dolor puede ser muy intenso. Esto tiene una salvedad y es que hay determinados hombres que consiguen una gran excitación sexual cuando se les somete a castigo en sus testiculos y pene.

La vagina, es una situación parecida a la del escroto y testículos, es una zona sensible y dependerá mucho de la mujer y su tolerancia al dolor.

Empecemos a flagelar

El látigo es una de las herramientas o juguetes sexuales que hay que aprender a manejarla. No es tan simple como sacarla y empezar a azotar al sumiso o sumisa. Esto es más importante aun cuando el látigo es nuevo y no lo hemos usado nunca. Cada látigo por su construcción, material y modo de uso se comporta de una manera muy peculiar.

Lo mejor es cuando queramos empezar a usarlo probarlo con un almohadón. Su forma recuerda a un cuerpo y podremos ver cómo se adapta a la forma, su recorrido, en definitiva a cómo funciona ese látigo en particular.

Después cuando comencemos a usarlo en el castigado, o afortunado según se vea, tendremos que hacerlo de forma progresiva, midiendo la reacción de la persona, ajustando a nuestras y sus preferencias el castigo que vamos a inflingir.

No es recomendable andar cambiando de zona de flagelado constantemente, el ritmo y la continuidad del castigo suelen generar una excitación que por otro lado se convierte en frustración cuando cada impacto del látigo cae en distintas zonas, algunos sumisos lo califican de “irritante” cuando menos. No consiguen entrar en la dinámica del castigo porque se sobresaltan cada vez que se azota otra parte del cuerpo.

Porque no olvidemos que si el azote es con un fin sexual debemos prestar atención a las sensaciones sobre todo del azotado y no del azotador.

Normalmente el azotador obtendrá su satisfacción del hecho de que su pareja permita ser azotado por ella o el. Es un placer totalmente ment

Resumiendo

Cuando os adentreis en el apasionante mundo de la flagelación con látigo no comenceis con un látigo pesado de cuero de canguro trenzado, porque probablemente lo uséis sólo en esa ocasión.

Os recomendamos elegir un látigo ligero, de tiras cortas y sencillas, sin trenzar que os permita comenzar a explorar el refinado arte del azote erótico.

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